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La reducción del consumo de grasas se ha convertido en un mito urbano: en general, las personas que quieren bajar de peso piensan que deben suprimir las grasas por completo. Esto es una gran equivocación. Si de un día para otro le quitas al cuerpo las grasas por completo, será tu organismo el que las fabrique porque son una necesidad para sobrevivir. Y muchas veces, ante este déficit, el cuerpo las produce en demasía. Por este motivo, no evites las grasas por completo. Consume los ácidos grasos esenciales, como el aceite Omega 3, 6 y 9 (por ejemplo el aceite de oliva) y reduce los ácidos grasos saturados (embutidos, huevos, lácteos sin descremar), que son las más nocivas para el organismo.